Las obras de misericordia corporales

Tocar la carne de Cristo a través del servicio generoso a las necesidades del hermano

Si las obras espirituales curaban las heridas del alma, las obras de misericordia corporales nos recuerdan que nuestra fe es encarnada y visible. Basadas directamente en el juicio final del Evangelio de San Mateo (*«Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis»*), las siete obras corporales (dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los difuntos) nos urgen a no cerrar los ojos ante la indigencia material. Para un cristiano con mentalidad laical, estas obras no son filantropía abstracta, sino la búsqueda del rostro de Jesús en el cuerpo sufriente del prójimo, rebajándonos con delicadeza al servicio práctico en la vida cotidiana.


Algunas Ideas Clave


Propuesta práctica: "Las Manos del Buen Samaritano"

Esta semana nos pondremos manos a la obra con nuestra fe, traduciendo la compasión en acciones físicas concretas hacia quienes sufren necesidad a nuestro alrededor:

El Triple Entrenamiento de la Misericordia Corporal

Encuentra el rostro sufriente de Jesús y sírvelo con determinación práctica:

  • El compartir real de tus bienes (Dar de comer y de vestir): Haz una revisión de tu armario o de tu despensa esta semana. No elijas aquello que esté roto o caducado, sino algo que realmente esté en buen estado y a lo que tengas aprecio. Lleva personalmente esta ayuda a un comedor social, a Cáritas o a una familia de tu entorno que sepas que atraviesa graves dificultades económicas.
  • La visita de consuelo al enfermo o anciano (Regalar presencia): Busca un momento fijo esta semana para visitar a un familiar, vecino o conocido que esté enfermo, convaleciente o que apenas pueda salir de casa por su avanzada edad. No tengas prisa. Ofrécete para hacerle algún recado práctico (comprar medicinas, tirar la basura) y regálale un rato de conversación alegre.
  • La acogida gozosa del extraño o aislado (Hacer sentir en casa): Fíjate en aquella persona de tu barrio, comunidad o lugar de trabajo que suele estar sola, que acaba de llegar o que recibe el rechazo de los demás por su condición. Rompe el hielo: salúdala con una sonrisa sincera, ayúdala a orientarse o invítala a tomar un café para conocerla. Conviértete en su primer hogar.

Objetivo: Comprender que las obras de misericordia corporales son el termómetro de nuestra vida espiritual; cuando nos inclinamos para aliviar el cuerpo del hermano, es el mismo Cristo quien recibe nuestra caridad.